historia

PALACIO DE MIRAMAR

El conjunto de Miramar, integrado por un palacio con su parque, y diversos edificios, jardines y dependencias, abarca, en total, una superficie de 34.136 metros cuadrados, limitados, por el norte, por los jardines de Ondarreta, las peñas y el mar, por el sur, con el Paseo de Pío Baroja, que antes era parte integrante del conjunto; por el este, con el Paseo de Miraconcha y, por el Oeste, con el Paseo de los Miqueletes.

Su situación, rematando las construcciones del ensanche Cortázar a su derecha, y de las de Elizalde a su izquierda, significando el centro de la bahía, lo han convertido en un punto de perspectivas estéticas y urbanísticas de extraordinario valor, que deben añadirse a los valores históricos de su emplazamiento.

La tradición de la Familia Real Española de veranear en la ciudad dio lugar a una serie de propuestas en el Ayuntamiento para edificar una residencia que ofrecer a los Reyes, "para mayor grandeza y bienestar de la población", siguiendo el curso de capital de turismo que se había trazado la ciudad de San Sebastián, desde que Isabel II niña, la iniciara en 1845, y que, en 1887 tuvo uno de sus hitos, en la inauguración del Gran Casino.

El Sr. Rojo Arias propuso levantarla en las entonces marismas de Amara, lugar que no fue considerado propio para el objeto por la Corporación Municipal, que se inclinó por la idea de que el palacio sustituyera el inservible fuerte del monte Urgull, por sus magníficas vistas al mar, estar rodeado de buenos bosques y no encontrarse sometido a las miradas de curiosos. Otra propuesta fue la de adquirir el palacio de Ayete, propiedad de la Duquesa de Bailén, y que, desde 1887, era utilizado por los Reyes como residencia de verano.

LA COMPRA DE LOS TERRENOS

Sin embargo, la Reina María Cristina, "por no querer aceptar el sacrificio que supondría para el Ayuntamiento", compró, en 1888, la posesión que el Conde de Moviana tenía en Miraconcha. Esta finca, primitiva base del parque, fue ampliada con la adquisición de un gran número de parcelas de diferentes propietarios, y también con una de 1918 metros cuadrados que el Ayuntamiento cedió, con carácter oneroso, resultados de la desviación de la carretera general y la construcción del túnel artificial del Antiguo, alcanzando un total de 18 hectáreas.

La finca y Palacio de Miramar es, desde agosto de 1972, propiedad del Ayuntamiento de San Sebastián.
La historia de su actual propiedad comienza en 1929, cuando el Ayuntamiento en pleno acordó solicitar al Rey Alfonso XIII adquirir el Palacio de Miramar, "a fin de conservar para el pueblo de San Sebastián dicha propiedad", y una vez en poder de la ciudad, "efectuar las reformas necesarias y ofrecérsela al Rey como residencia veraniega Real". Sin embargo el rey, después de agradecerlo, manifestó que él "se hacía cargo de Miramar ... a donde vendría con su augusta familia".

ENTREGA DEL PALACIO AL AYUNTAMIENTO DE SAN SEBASTIÁN

Durante la segunda República, ante el notario Rodrigo Molina Pérez, el ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto Tuero, cumpliendo la Ley de 26 de Junio de 1933, hizo entrega en agosto de ese mismo año "al Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de San Sebastián del Palacio de Miramar, situado en dicha población, con las edificaciones anexas y el parque que constituyen los jardines del mentado palacio.

El palacio propiamente dicho, con la Casa de Oficios y las denominadas casa de vacas, cuerpo de guardia y pabellón de cocina, que se destinarán, en la forma que la corporación municipal determine, a residencia veraniega del presidente de la República y a otras dependencias oficiales.

Los edificios que constituyen el garaje, caballerizas y las pequeñas construcciones edificadas en el paraje donde están situados aquellos, habrán de ser destinados a edificios escolares y dependencias de cultura".

Por la escritura se establecería también que "los muebles y objetos que en la actualidad existen en el referido palacio y edificios anexos no son objeto de cesión", habiendo de determinarse los que por su "condición o valor artístico hayan de pasar a formar parte de la residencia presidencial".

Sin embargo, el expediente determinó no encontrar objetos que hayan de formar parte "por ahora" de los museos establecidos en la capital, decidiéndose a su uso a formar parte de la residencia presidencial, "aunque se archivarán cuantos muebles y objetos hagan referencia a las personas de la familia reinante".

Dos años más tarde, el Ayuntamiento, por acuerdo del 4 de abril de 1935, solicitó al Estado, la devolución del edificio a los herederos de la Reina María Cristina, lo cual fue denegado "por considerarse materia extraña a la competencia privativa de la corporación, que tiene fin administrativo que cumplir exclusivamente, y no político, como reviste el acuerdo de la corporación municipal".


Terminada la Guerra Civil, el Ayuntamiento renunció, finalmente, a la cesión del citado edificio, amparándose en la Ley de 15 de diciembre de 1938, que dejaba sin efecto la donación sancionada por las Cortes de la República, y, asimismo, en la Orden del Ministerio de Hacienda de 21 de abril de 1939, que ordenaba a cuantas entidades y personas tuvieran en depósito, administración u otros conceptos, bienes del caudal privado de don Alfonso, remitiesen relación detallada de los mismos al Servicio Nacional de Propiedades y Contribución Territorial.

Adjudicado por herencia del rey Alfonso XIII, el 24 de enero de 1944 como pro- indiviso entre don Juan de Battenberg por un lado, y sus hermanos por otro, sufrió un estado de abandono el anterior período político. Ya antes de finalizar éste, en 1971, el Ayuntamiento, en sesión plenaria de 22 de julio, adoptó el acuerdo de adquirir la finca, por compra, con la aprobación del Ministerio de Educación y Ciencia por Orden Ministerial del 24 de junio de 1972, y la formación de un presupuesto extraordinario, financiado por el Banco de España.

Finalmente, el 10 de agosto de 1972, y por 102.500.000 pesetas, se realizó la escritura de adquisición por compra-venta, "otorgada por su Alteza Real D. Juan de Borbón y Battenberg, conde Barcelona, a favor del Excelentísimo Ayuntamiento de San Sebastián".

En dicha venta, no quedaron incluidos los bienes de carácter mueble existentes en el palacio que fueron, posteriormente adquiridos por Bellas Artes, siendo su actual depositario el Ayuntamiento de San Sebastián.

El 3 de enero de 1985, se constituyó un Consorcio con la participación de Gobierno Vasco y Ayuntamiento de San Sebastián con el nombre de "Centro de Exposiciones e Investigación de Nuevas Formas de Arte". Con fecha 27 de octubre del mismo año la Diputación Foral de Guipúzcoa acordó integrarse en el Consorcio anterior previa modificación de los Estatutos y fue el 29 de octubre de 1985 cuando se creó el actual Consorcio con el nombre de "Palacio de Miramar", con la participación de Gobierno Vasco, Diputación Foral de Guipúzcoa y Ayuntamiento de San Sebastián, que abordó la rehabilitación del Palacio en su primera fase (Pabellón del Príncipe y Edificio de Servicio).


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